|Análisis del Big Data: Alexa como testigo de un asesinato

Análisis del Big Data: Alexa como testigo de un asesinato6 min read

By |2018-03-14T17:18:33+00:00miércoles, 14 marzo, 2018|
  • Camara de vigilancia como ejemplo del analisis del big data

El mundo se divide entre los que para hacer un regalo piensan en todos los factores relacionados con la persona a la que van a regalar y aquellos que escogen cualquier cosa aparentemente idónea. ¿La diferencia? Los primeros tendrán muchas más posibilidades de acertar y los segundos posiblemente acabarán con el regalo de vuelta y un problema de imagen. En el caso de las empresas y organizaciones en internet, el patrón es el mismo: los datos de navegación de los usuarios y las características de los mismos son clave en la eficiencia y en la identificación de nuevas oportunidades. De ahí la importancia del análisis del Big Data que, como su propio nombre indica, hace alusión a la enorme cantidad de datos que se recopilan para su posterior análisis. Comprenderás que esta información es oro y las nuevas tecnologías se han convertido en la herramienta principal para su explotación.

Si tenemos en cuenta este punto de partida, no es difícil imaginar que cualquier objeto susceptible de grabar datos y contar con conexión a internet (sí, nos adentramos en el Internet de las Cosas o IoT) es digno candidato para contribuir a la causa del Big Data. No son nuevos, pero sí muy destacables los casos de juguetes considerados espías. La Hello Barbie, también conocida como Barbie “Mata Hari”, hizo saltar las alarmas hace unos años al recopilar información de aquellos menores de edad que interactuaban con ella. Pero yendo aún más lejos, no se trata solo de la información que recojan sino del riesgo de invasión de la privacidad de los usuarios. De aspecto adorable pero diabólicas intenciones, también está la muñeca Cayla, prohibida y retirada del mercado en Alemania por albergar tales fallos de seguridad que permitirían el acceso de terceros a sus interacciones sin tener que estar presentes. Algo parecido sucedió en la última campaña navideña con el todopoderoso Furby que, tras dos décadas de éxito, es más interactivo que nunca en su edición Connect. Tanto es así que podría ser hackeado en un radio de treinta metros para encender su micrófono y hablar o grabar a los usuarios. Da un poco de miedo, ¿no? Piensa en todo lo que significa esto del Internet of Things en términos de Big Data.

Queda claro que el IoT es capaz de recopilar cualquier dato pero, ¿incluso datos decisivos para las investigaciones policiales? Volvamos a 2015. Una noche cualquiera en una casa cualquiera de Arkansas, repleta de elementos domóticos, aparece una persona ahogada en el jacuzzi. El dueño de la vivienda asegura haber dormido toda la noche y no haber escuchado nada. Claro, ¿quién iba a poder decir lo contrario? En este caso sí, había un testigo que podía desmontar la coartada, un testigo con nombre de mujer y que se encuentra en millones de hogares estadounideses. Alexa, el asistente virtual de Amazon, se convirtió en el testigo (involuntario) de un asesinato. Los registros recabados del altavoz Echo, desvelaron que el sospechoso había reproducido música más allá de la una de la madrugada, momento en el que afirmaba haberse acostado. Sin embargo, Amazon rechazó aportar los datos recogidos por su dispositivo por razones de privacidad. El gigante de los ecommerce abrió así el debate sobre el control al que estamos sometidos y si deben ser aportados los registros en este tipo de casos. Hay que recordar también la masacre de San Bernardino, en la que Apple se negó a dar acceso al smartphone del autor de la barbarie que estaba muy reciente. Finalmente, y bajo el consentimiento del acusado, se accedió al dispositivo que no evidenció ninguna prueba sólida. Gracias a la intervención de Alexa, el caso fue sobreseído el pasado mes de diciembre.

Otro testigo involuntario, presente en varios delitos, es la pulsera para medir nuestra actividad física Fitbit. Cuando Richard Dabate supuestamente asesinó a su esposa Connie, pasó por alto el wearable de ella a la hora de trazar su coartada. Según su versión habían sido asaltados por una persona en su casa de Ellington, Connecticut, a las 09:00h de la mañana, pero los datos arrojados por la pulsera desvelaron los constantes forcejeos y movimientos de la víctima antes de morir a las 10.05h. Esto, entre otras contradicciones, le han convertido en el principal sospechoso del asesinato.

Estos y otros casos han reabierto el debate en torno al papel del Big Data para la resolución de casos judiciales. Todo apunta a que este tipo de intervenciones serán más habituales en un futuro no tan próximo por la monitorización a la que estamos sometidos y el avance de las nuevas tecnologías integradas cada vez en más elementos. Los beneficios a costa de nuestra privacidad son plausibles, recibimos una atención personalizada por parte de las empresas que se integran de manera mucho más eficiente en nuestra vida diaria. A la vista está que pocos aspectos de nuestra vida quedan lejos del análisis del Big Data, ¿son suficientes las ventajas para poner toda nuestra información cotidiana en manos privadas?

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Alejandro García
Colgué la toga por el marketing digital y la comunicación. Quizás tenga algo que ver el periodismo o simplemente que me encanta la interacción entre personas. Al menos casi tanto como con las mascotas.

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