Un día eres joven y al otro día eres la última persona en el mundo con cuentas públicas en redes sociales. Todo comenzó en busca de los influencers adolescentes con más seguidores de España. Y los encontré pero, para mi sorpresa, la mitad estaban en TikTok, solo unos pocos habían acabado el instituto y, ¡casi todos tenían su cuenta privada en cualquier red social!

¿Cómo era posible? Tenían millones de seguidores y no podía ver por qué lo estaban petando a menos que los siguiera. Un sinsentido, vaya. ¿No tendrían más seguidores si personas como yo pudieran enamorarse de su contenido a primera vista?

Aquí fue cuando dejé de perseguir influencers y empecé a buscar explicaciones. Resulta que en 2018, en Estados Unidos, solo el 19% de los usuarios de redes sociales tenía todas sus cuentas públicas, mientras que el 45% aseguraba que todas sus cuentas en redes sociales eran privadas.

El secreto de los influencers para ganar seguidores

También encontré un fenómeno intrigante: no solo los mortales estaban empezando a descubrir las opciones de privacidad en sus redes sociales, sino que las cuentas privadas ya eran toda una tendencia entre los influencers y había comenzado con las grandes cuentas de memes.

Pero, ¿por qué? A priori, todo parece desventajas si quieres ganar seguidores con una cuenta privada. Tu alcance es limitado, ya no apareces en secciones como “explora” de Instagram, dejas de ser visible en búsquedas por hashtags… hasta que a un influencer se le ocurrió una técnica, ahora pública, que está haciendo que todas las cuentas sean privadas.

La curiosidad nos mata. Por eso, cuando tu amiga te envía una foto a la que no puedes acceder seguida de una carcajada interminable, quieres verla, necesitas verla y terminas dándole al botón de “seguir”. Así de sencillo: el secreto para ganar seguidores en los tiempos de la Generación Z. ¿Genialidad o parche temporal?

También se han dado cuenta de que los memes se comparten de forma privada por excelencia, por lo que, ¿es necesaria una cuenta pública? Si a esto le restas el spam y las denuncias que se ahorran y le sumas su cifra de nuevos seguidores diarios multiplicados por mil, pasarse a una cuenta privada le sale muy a cuenta a los influencers.

Más allá de los influencers: por qué tener la cuenta privada

Misterio resuelto pero, ¿qué pasa con los usuarios que no son influencers? La respuesta a por qué están haciendo privadas sus cuentas es un tanto más compleja, aunque he llegado a la conclusión de que la base es la consciencia.

Los límites entre lo privado y lo público, lo personal y lo profesional se han difuminado mucho desde que las redes sociales son nuestra carta de presentación. El dilema comienza cuando hasta la cuenta más seria descubre que con un toque personal le puede tocar el corazón hasta al reclutador más exigente. ¿Deberíamos entonces mostrarnos tal y como somos?

Aquí es donde aparecen las series de televisión que te dicen que mejor te olvides de esa idea, que hay mucho loco suelto. Aunque los mayores de 65 años del estudio del que ya hemos hablado no parecen estar muy concienciados. Son el mayor grupo de edad que declara no tener ninguna cuenta privada en redes sociales y el menor que dice tener todas sus cuentas privadas. ¿Ignorancia o indiferencia?

Otras veces, el enemigo es la propia red social y los usuarios son muy conscientes. Si no, que se lo digan a Facebook, que ha perdido hasta 3 millones de usuarios en Europa por sus recientes escándalos relacionados con la privacidad de datos. Aunque, a veces, las personas piensan que es suficiente con que su cuenta sea privada, a pesar de la oleada de brechas de seguridad y ciberataques que hubo durante el pasado año.

¿Qué dicen las marcas de los perfiles privados?

El dilema moral entre lo correcto y lo instagrameable está servido y yo me pregunto si las cuentas de los influencers y el resto de los terrícolas seguirán volviéndose privadas más allá de las cuentas de memes. Si lo hacen, estarán mandando un mensaje a las plataformas sociales, tanto de seguridad a Facebook como de rechazo del algoritmo a Instagram.

Por su parte, las marcas podrían reaccionar mal pensando que sus embajadores conseguirán menores cifras de alcance y engagement al tener cuentas privadas, o que sus publicaciones no llegarán a la sección “explora” y sus hashtags no se volverán virales. Pero también podrían verle el lado bueno y es que las cuentas privadas podrían percibirse como más personales y genuinas, menos explotadas comercialmente. Ganan las marcas, ganan los influencers.

Y, ahora, la cuestión más importante: voy a hacer privadas mis cuentas, no vaya a ser que me confundan con una millennial y no consiga mi sueño de ser influencer.