Tuve uno de esos momentos en los que te paras a contemplar lo que ha sucedido en tu vida, lo que has hecho, para, a continuación, dirigir la mirada hacia el futuro, hacia lo que no has hecho y que te gustaría ver realizado. Ese momento es la antesala de un inevitable salto.

¿Y cuál es ese salto? Dejo Best Relations, mi empresa. ¿Qué me ha llevado a tomar esta decisión?

Los hechos del pasado atestiguan que, junto a un gran equipo, he podido poner en marcha muchas cosas, algunas con más y otras con menos acierto. Una de las más exitosas fue cocrear una consultora de comunicación que este año ha cumplido 18 años: Best Relations. Un hijo que ya ha cumplido la mayoría de edad y del que estoy tremendamente orgulloso, sobre todo por las personas que han formado parte de la empresa a lo largo de todo su recorrido y que la han posicionado como referencia en su sector. Hemos bregado incansablemente, codo con codo y ha valido la pena, aunque es cierto que varios proyectos personales y vitales se han quedado por el camino, convirtiéndose en cenizas de prioridades profesionales. Todos sabemos que los desafíos empresariales no tienen por qué ser siempre un camino de rosas, por muy apasionantes que resulten.

Miro hacia el futuro y veo las cosas que no he hecho. Una parte de ellas vale la pena pero sé que el paraguas empresarial que me cobija, que me aporta seguridad y protección, no puede albergar esas visiones, porque se disolverían, como mis anteriores proyectos personales. Algo dentro de mí está absolutamente convencido de ello. En estos momentos es cuando hay que escucharse y cuando no puedes permitirte ser hipócrita con el señor del espejo. Para ser generoso conmigo mismo no me queda otro remedio que decir no a mi propia empresa y responsabilizarme de esa declaración. Tampoco es fácil.

Es el momento de dar el salto y reconocer, de nuevo, que la comodidad es mi enemigo. Ha llegado la hora de respetarme a mí mismo, aunque reconozco no saber dónde me puede llevar ese convencimiento. He hecho muchas cosas que he querido hacer, pero quedan muchas otras por sacar adelante y lo único que tengo, al igual que tú, es tiempo, ese bien finito que no sabemos cuándo se acabará. No me da miedo saltar fuera de la zona de confort. Hace muchos años que salí de allí cuando llegaron nuevas tecnologías que cambiaron el mundo y yo me quebraba la cabeza tratando de imaginar cómo podrían aplicarse esas innovaciones al sector de la comunicación y de los negocios.

El hijo es mayor de edad y yo ya no soy quién para decirle lo que tiene que hacer. Es momento de que viva su propia vida, probablemente por su propio bien. El criterio, actitud, conocimiento y visión de las personas que sustentan Best Relations es envidiable y todos saben perfectamente qué hacer. Es una máquina de conseguir resultados. La satisfacción de los clientes es la mejor prueba.

El mayor incentivo para dar un salto es reconocer que no haces falta -sobre todo a ti mismo- allí donde te encuentras en ese momento. Saber dónde estás y dónde quieres estar es un gran aprendizaje. Pierdes el miedo a soltar. Al igual que mi confianza en el equipo de Best es plena, también lo es la confianza en el salto que he elegido dar. Al otro lado me espera el compromiso conmigo mismo. Así que he decidido aceptar que esto es así y he dejado de preocuparme por lo que dejo para ocuparme de lo que viene.

Es curioso cómo una simple visión puede cambiar tu vida, siempre y cuando le apliques ciertas dosis de acción porque, todos lo sabemos, son los actos los que demuestran la realidad.

Muchas gracias a todas las personas que habéis formado y seguís formando parte de Best Relations a lo largo de estos 18 años, a los clientes, proveedores, colaboradores, competidores e incluso a aquellos que no cuadráis en ninguna de estas categorías pero que siempre os ha gustado el “Estilo Best”. Deseo de corazón lo mejor a todo el equipo de Best Relations y estoy seguro que los próximos 18 años serán mucho mejores que los 18 primeros.

Como canta el gran Freddie Mercury al final del tema “Was it all worth it”, mantengo que “Yes, it was a worthwhile experience!”

Se acabó el monólogo. Llega el momento de abrir conversaciones que generen nuevas posibilidades.

¡Muchas gracias y hasta pronto!