La música, al igual que el resto de las ramas del arte, puede seguir determinadas tendencias y, por lo tanto, ser cambiante a lo largo de los años; y no cabe duda de que actualmente hemos estado expuestos más que nunca a una estrategia de marketing musical en rápida y constante evolución. Sin embargo, hemos llegado a un punto en el que parece que todas las playlists de últimos éxitos suenan a lo mismo una y otra vez.

El trap, el reggaeton (o “ritmos latinos” en general) y el pop comercial se posicionan como las tres joyas de la corona en cuanto a géneros musicales más populares en la actualidad. Esta es una realidad de la que pueden beneficiarse los artistas que han surgido más recientemente dentro de este sector puesto que les ha permitido adaptarse y conseguir la fama que buscan. Pero ¿dónde quedan los que están muy lejos de hacerse hueco dentro esta tendencia? ¿Puede cualquier cantante sumarse a esta moda para encajar?

Es aquí donde aparecen las famosas (y aparentemente infalibles) collabs:

(Premio para ti si encuentras una canción que en la que cante solo una persona)

Cada vez son más los artistas que optan por hacer colaboraciones – y no precisamente con otros que se les parezcan. Es una tendencia que va mucho más allá del efecto Cardi B: una clarísima estrategia de marketing de contenidos (que también se ha dado anteriormente con otras cantantes similares como Nicki Minaj o Iggy Azalea) que siguieron muchísimos artistas cuya música no tenía nada que ver con los lyrics o el particular estilo de estas raperas. Pero… ¿Funcionó? La respuesta es… YAS.

A pesar de que el rap tiene una personalidad y un ritmo muy concreto, es cierto que resulta fácil encajarlo con cualquier otro género musical: Girls Like You de Maroon 5 es un claro ejemplo de ello. Pero actualmente nos estamos encontrando con colaboraciones que hace algunos años atrás no nos hubiésemos planteado como estrategia de marketing musical. Por ejemplo…

¿Esto en qué consiste? ¿En un aprovechamiento mutuo de la popularidad entre un artista viejo y un artista nuevo, en un “intento” de adaptación a las nuevas tendencias musicales o simplemente nos encontramos ante una estrategia de marketing musical no muy acertada?

Sea cual sea la respuesta, la realidad es que el resultado no siempre es bueno (ni a nivel comercial ni estético). Querida Madonna: es un hecho que tu música es un producto que quieres vender, pero esto no debería suponer que la transformes a la fuerza y que dejes que se establezcan estos nuevos géneros musicales sobre tu trabajo simplemente por hacerlo encajar. Pensé que no te tomabas tan en serio lo de ser una Material Girl :’(. ¿Funcionó? ¡NO!

Pero así como hay colaboraciones que son difíciles de entender y singles que se lanzan aleatoriamente, hay otros trabajos más “empaquetados” que ponen en valor la verdadera dedicación del artista y su poder de adaptación a otros géneros musicales sin perder su personalidad ni su estilo. En definitiva: tienen un poco más de sentido.

Recientemente, Ed Sheeran lanzó su último EP, No.6: Collaborations project: un álbum de 15 canciones en las que comparte lírica con otros artistas como Camila Cabello, Khalid, Justin Bieber e incluso con estrellas míticas del rap como Eminem y 50 Cent. Sí, también con Cardi B.

En este caso, las colaboraciones se nos venden como un “proyecto” del artista y esto hace que no nos parezca tan forzado el hecho de que Ed Sheeran quiera, por supuesto, ganar popularidad colaborando con estos artistas, y que probablemente esté pasando por una fase de transición en la que su música empieza a tender más hacia el rap que a las baladitas románticas con guitarra que lo hicieron famoso en un principio.

Conforme vayan pasando los años, vamos a seguir viendo cambios en las tendencias musicales y en las estrategias de los artistas para mantenerse aclamados por el público. Pero valorando ambos ejemplos podemos darnos cuenta de que no es necesario mezclar ingredientes que claramente son incompatibles simplemente para llegar al Top 10 y que te echen a la semana porque no has gustado al consumidor final.

Pero para gustos, los colores. ¡¿Quién le iba a decir a Sam Panopoulos, inventor de la pizza hawaiiana, que ponerle piña a la pizza iba a gustarle a alguien más que a él?!