|Fake News, un invento viejoven

Fake News, un invento viejoven4 min read

Por | 2018-06-27T08:34:11+00:00 miércoles, 27 junio, 2018|
  • Playa caribeña con palmera

Ese término que casi todo el mundo utiliza mal, las noticias falsas, llevan con nosotros, al menos, cinco siglos. Términos como desinformación, filtro burbuja, sesgos cognitivos en comunicación o infoxicación son el abrigo que las rodea. Un abrigo que, como las prendas básicas, nunca ha llegado a pasar de moda y siempre vive un resurgimiento. El de las fake news llegó en 2016 y, de momento, sigue entre nosotros.

Estas noticias falsas tienen una estrecha relación con la posverdad. También con la propaganda. El término fake news fue escogido por el prestigioso Diccionario Collins como palabra del año 2017. Influyeron en las pasadas elecciones norteamericanas y en tantos otros acontecimientos recientes. Pero esto no es una novedad. Estos productos pseudo periodísticos llevan toda la vida entre nosotros tratando de inducir al engaño y persiguiendo la desinformación.

De Gutenberg a Trump

A Johannes Gutenberg le debemos la invención de la imprenta en 1439. También le podríamos atribuir, mal que le pese y sin demasiado miedo a equivocarnos, diseñar el escenario adecuado para la distribución de noticias falsas. Para que estas existiesen, primero necesitábamos que existiese el concepto de noticia. Este se genera con la creación de Gutenberg. Por aquel entonces, verificar la credibilidad de una noticia era prácticamente imposible, y la imprenta puso sobre la mesa la “tecnología” perfecta para poner la propaganda en marcha.

De esta máquina de propaganda se sirvieron los nazis para difundir desagradables rituales de sangre de judíos, entre otras cosas. Por su parte, la religión siempre ha jugado, como en tantas otras situaciones históricas, un papel desafortunadamente destacado. En el terremoto de Lisboa de 1755 -cuando los historiadores ya habían puesto algo de raciocinio auditando este tipo de bulos- la Iglesia, junto a otras autoridades europeas de la época, se encargó de difundir que este desastre natural era una especie de castigo divino a los pecadores.

Tras este suceso, aparecieron en Portugal las relações de sucessos, unos panfletos de noticias falsas que provocaron que el ilustrado Voltaire se convirtiese, atacando las explicaciones religiosas a los desastres naturales, en el primer gran activista frente a este tipo de bulos. Las noticias falsas estuvieron muy presentes también en la Revolución Francesa, y contribuyeron a expandir la xenofobia el el siglo XIX en Estados Unidos. En este mismo siglo, la aparición de la prensa sensacionalista contribuyó a asentar definitivamente un concepto que llega hasta nuestros días.

En los tiempos modernos, la alarma ha saltado definitivamente con la gran captación de poder de las redes sociales. Facebook, especialmente. El punto de inflexión histórico, el que supone un consenso y será recordado en futuros artículos, fueron los comicios estadounidenses de noviembre de 2016, en las que la desinformación política jugó un papel decisivo – se calcula que un 25% de los estadounidenses consumió fake news en un periodo de 6 semanas en torno a las elecciones- en un juego de sillas que dio lugar a un nuevo orden mundial. Donald Trump, un bufón inteligente, llegó a la Casa Blanca con abrigo nuevo.

Fake News, algoritmos y futuro

Si bien las redes sociales y su facilitación globalizadora son las principales culpables del resurgimiento de la prensa amarillista, los principales responsables de no frenarlas son sus algoritmos. Estos no tienen en cuenta la objetividad y han diezmado la prensa tradicional que, con más recursos, tendía a descansar en unos principios de objetividad.

El futuro que lleven consigo las fake news, junto con su influencia en la sociedad, tendrá inevitablemente mucho que ver con la capacidad que tenga el sector de los medios de sobreponerse a una crisis que generó la transición digital (si bien no necesariamente el periodismo digital). Si hay cada vez más noticias “reales”, se educará al individuo, al algoritmo y al legislador a diferenciar, excluir y combatir las falsas. Si no es así, la evolución del término seguirá con nosotros, al menos, otros cinco siglos.

Sobre el autor:

Berto Barros
Contenidos desde 2009. Fundé, dirigí y disfruté hablatumusica.com. Tras esta etapa, startups, consultoras y agencias me han tenido entretenido. En mi tiempo libre trato de aburrirme lo máximo posible rodeado de la gente a la que quiero.

Un comentario

  1. Amy 11 julio, 2018 en 20:36 - Responder

    ¡Gran sitio!

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