Imagen de manifestación como ejemplo del feminismo en el siglo XXI

Feminismo en el siglo XXI: La cuarta ola era un tsunami6 minutos de lectura

INT. HABITACIÓN- NOCHE- PARÍS (1791)

Olympe de Gouges pone el punto y final a la ‘Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana’. Una respuesta escrita en femenino y dirigida a aquellos que han decidido que la mujer no tiene cabida dentro de la sociedad.

Ella no lo sabe, pero acaba de concebir un movimiento.

Le seguirán mujeres como Mary Wollstonecraft, Elizabeth Cady Stanton, Las Sufragistas, Aleksándra Kolontái y millones de anónimas. Lucharon por el voto, por las desigualdades legales y por la potestad sobre sus propios cuerpos e hicieron que las demás estuviésemos más cerca de lograrlo.

Es innegable que, tras tres siglos de lucha feminista, se han logrado muchas cosas. Es innegable que aún quedan muchas por las que luchar.

El feminismo en el siglo XXI

El 8 de marzo de 2018 fue una fecha para enmarcar y ponerle un pisito en la Castellana. Millones de personas en más de 170 países salieron a la calle dispuestas a denunciar la violencia sistemática contra las mujeres, romper el techo de cristal y reclamar la paridad. España, concretamente, abrió portadas en el New York Times.

Muchos expertos señalan esta fecha como el comienzo de la cuarta ola feminista que tiene, cómo no, las particularidades tan características de este, nuestro siglo XXI.

Cada ola se ha enfocado en combatir un acto discriminatorio concreto, en esta ocasión, la cuarta se está centrando en luchar contra la violencia sistemática hacia la mujer, entendiendo como violencia la violación, el acoso, la desigualdad económica o temas más concretos como la trata de blancas o los vientres de alquiler. Se ha configurado como una respuesta social y política en la que se han generado espacios para reflexionar y proponer soluciones legislativas que protejan la igualdad de las mujeres porque Girls Just wanna have fun…damental human rights.

#Feminismo2.0

No solo las calles son el escenario en el que combate esta manada: la llegada de internet no ha sido baladí para el feminismo. De hecho ha supuesto un nuevo ecosistema a través del cual el movimiento se ha diversificado, crecido y extendido. El hashtag, por ejemplo, ha sido un elemento muy importante en esta ola, perdiendo toda connotación técnica y convirtiéndose en un revulsivo a servicio del movimiento.

Un claro ejemplo de ello es el movimiento #Metoo, hashtag que nació a raíz del caso Weinstein, con el que miles de mujeres de todo el mundo llenaron las redes sociales con relatos en primera persona sobre abusos sexuales.

En otras redes sociales, como Instagram, surgen día a día nuevas ilustradoras y cómicas que reclaman la sexualidad de la mujer, intentan abolir la cosificación y se ríen abiertamente del patriarcado. Los colectivos feministas cada vez tienen más presencia en las redes sociales para difundir su palabra, informar sobre manifestaciones y reclamar sus derechos. Pero no todo es color de rosa en internet. En 2010 redes como Twitter o WhatsApp se llenaban de bulos sobre diversos temas que, entre otras cosas, atacaban directamente al movimiento feminista. Los medios de fact-checking empezaron a nacer y especializarse, dando lugar a sites como Maldito Feminismo, un medio que se encarga comprobar y desmentir los bulos machistas.

Feminismo ‘ilustrado’

Año 2018. Términos como ‘brecha de género, ‘empoderamiento’ o ‘neomachismo’ empezaban a ser protagonistas en el ágora. Tal es así que, a finales de ese año, la Real Academia de la Lengua Española (RAE) incluía entre sus páginas las palabras ‘sororidad’ y ‘feminicidio’. “Lo que no se nombra, no existe”. Steiner nunca tuvo tanta razón.

Muchos fueron (y siguen siendo) los responsables de que el feminismo empezase a hacerse un hueco en el debate social y político, hasta el punto de llegar a tomar el Congreso de los Diputados. Pero los medios de comunicación y el mundo de las artes copan un porcentaje importante de esta tarta de la culpabilidad.

A fecha de hoy, periodistas como Noemí López-Trujillo, Nuria Varela o Belén Gopegui defienden los derechos de la mujer en platós de televisión, libros, páginas de periódicos y podcast; visibilizando la lucha feminista, dando voz a los problemas que sufren día a día las mujeres a la hora de enfrentarse a la realidad y reclamando su sitio en el mundo. En la ficción también se han producido algunos cambios. Series como ‘Las escalofriantes aventuras de Sabrina’ o ‘Stranger Things’ muestran a personajes femeninos, complejos y heroicos protagonizando tramas, y sirviendo como referente. En el mundo de los decibelios la igualdad también le va ganando terreno al patriarcado. Rosalía, Bad Bunny o Beyoncé no solo son número 1 a nivel internacional, sino que reivindican el poder de las mujeres y la deconstrucción de la masculinidad a través de sus letras.

Las olas del movimiento feminista

Históricamente, el feminismo y la vida han comulgado siempre bajo la misma mecánica: a trompicones y por ciclos u olas. No se puede entender el feminismo actual sin repasar brevemente su árbol genealógico.

La primera ola surgió a mediados del siglo XVIII. Muchas pensadoras comenzaron a replantearse la naturaleza de la mujer y la jerarquía de sexos. Pusieron en duda los privilegios masculinos que se habían guarecido detrás de la cuestión biológica, e indagaron sobre la educación y los derechos de la mujer.

A mediados del XIX y hasta la década de 1950 surge la segunda ola feminista. El derecho al voto femenino fue el indiscutible protagonista de esta etapa, pero el acceso a la educación, la crítica hacia el matrimonio y la esclavitud del aspecto físico son temas que también se ponen sobre la mesa.

Hay distintos puntos de vista sobre la tercera ola feminista, mientras algunos sostienen que seguimos buceando en ella otros opinan que acabó en los años 80. En esta ola se reivindica el fin del patriarcado a través de las políticas públicas. Las mujeres descubrieron que su cuerpo también podía ser un campo de batalla en el que quedarse a vivir, a través de la sexualidad y los anticonceptivos. Temas como la interseccionalidad empiezan a tener presencia dentro del movimiento, dando cabida a otros colectivos minoritatios como el LGTBIQ+. Reclaman el individualismo, tachando el “echarme novio/a” de su to-do list.

En definitiva: se sigue luchando mucho. Los medios de comunicación y el mundo del arte se han puesto de acuerdo para pintarse de morado, generar conciencia de género y dar más visibilidad a mujeres que hablan de mujeres. Como decíamos, estamos muy lejos de la igualdad porque el feminismo aún se conjuga en gerundio, pero ha pasado de ser un término radical y que se puede llegar a considerar excluyente a convertirse en una posición aceptada socialmente. Y eso significa que algo estamos haciendo bien.

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