Hace poco, Xataka publicó un artículo en el que señalaba que está lloviendo plástico. Es decir, se está encontrando fibras de microplásticos en lugares insólitos como los Pirineos debido a la condensación del agua y la consecuente lluvia. Esto significa que los humanos y animales también estamos consumiendo este producto a través del agua y los alimentos que ingerimos.

Poco a poco hemos sido conscientes de que esas historias de “el plástico es malo” o “nos estamos cargando el planeta”, que nos sonaban a chino al principio, son algo real. Con el tiempo hemos ido interiorizando medidas en nuestro día a día para colaborar con la disminución del consumo de plástico: llevar bolsa de tela al supermercado, sustituir las botellas de plástico por las de cristal, etc.

Pero esto no puede quedar solo en nuestro día a día. Las marcas ecológicas deben empezar a colaborar, aprovechar su posición y destinar parte de sus recursos destinado a su política de RSC a colaborar protegiendo el planeta, aportando su granito de arena.

Arena, corcho, maderas, posos de café o plástico procedente de los océanos son ejemplos de materiales que se están usando para crear sustitutos al plástico y poder eliminarlos finalmente de nuestro día a día.

Lucha contra el plástico, ¿realidad o postureo?

Cada vez más empresas y sectores se suman a esta realidad, buscando soluciones sostenibles alternativas al plástico para disminuir su consumo mediante el uso de otros materiales o incluso financiando la investigación de nuevos sustitutivos. Y no solo empresas, Alemania está trabajando en una ley que prohíba las bolsas de plástico.

Empresas como Kit Kat están pensando en usar materiales alternativos para su packaging, al cambiar el plástico por papel. A partir de septiembre implantará sus nuevos envoltorios en Japón en una campaña que busca incitar a los consumidores a que se unan a esta sostenibilidad y a hacer origamis.

No es el único ejemplo: hace poco P&G se asoció con Terracycle, una empresa especialista en reciclaje de Estados Unidos, para producir sus botellas de su champú Head and Shoulders a partir de plástico procedente de los océanos.

También empresas de cosmética apuestan por la sostenibilidad. Por ejemplo, L’Oreal ha creado Seed Phytonutrients, una gama de belleza eco-sostenible con botellas que contienen un 60% menos de plástico y hacen uso de papel resistente al agua en sus envases. Cada vez son más las marcas beauty que crean gamas de belleza con la sostenibilidad en mente y menos plástico en sus packagings.

Y no solo la propias empresas en sus productos, si no los grandes distribuidores también buscan soluciones. Carrefour vende una malla reutilizable como alternativa a las bolsas de plástico de la frutería y han cambiado sus bolsas de plástico por bolsas de papel. El sector hotelero también ha empezado a eliminar los plásticos de un solo uso como pajitas o cambiar los materiales de los productos de higiene como cepillos de dientes y sus envoltorios.

Nos encanta que las empresas que se lanzan a ello, sigan aportando su granito de arena. Pero, ¿realmente están intentado ser más sostenibles o es puro postureo?

Encontramos miles de artículos en los que las empresas comunican su nueva política en contra del uso de plásticos, su nuevas acciones de responsabilidad social o su compromiso con el medio ambiente. Pero no debemos olvidar que las empresas buscan tener una buena reputación, y todas las acciones sociales que hacen se mueven en esa idea. Buscar maneras de ser sostenibles está muy bien, siempre que se haga con conciencia y evitando contaminar más en la fabricación de materiales sustitutivos.

Y solo puedo decir que… ¿Y qué si se ha puesto de moda ser ecológico? Pues, ¡qué viva esa moda!