Hace unos días, mi compañero Álvaro Salas hablaba por aquí de cómo, entre todos, estamos reventando la burbuja de la influencia. Pensaba en las recomendaciones que nos daba y se me ocurrían varios casos de éxito en el influence marketing (pero también de fracaso) que he creído adecuados traer hoy aquí. Algo así como una “to-do list” que es bueno dejar plasmada, en caso de que en algún momento nos dejemos llevar por la marea influencer.

To-do” y “to-don’t” en influence marketing

Como seguidor de Netflix, lo sabes, pero en la sección de documentales hay uno muy chulo titulado “Fyre: the greatest party that never happens”.  ¿Por qué lo recomiendo especialmente para aquellos que nos dedicamos a la comunicación y marketing digital? Porque precisamente trata de un caso real de influence marketingnot-to-do” bajo ningún concepto. Y no me refiero a montar una mega fiesta en las Bahamas que resultó ser una farsa. Más bien al movimiento que crearon los influencers internacionales más top del mundo alrededor del fraude festivalero: desde la contratación de 10 modelos top hasta la creación del hype con publicaciones basadas en un recuadro naranja, señal del lujo y la exclusividad que respiraba el propio festival.

¿Y qué es lo que resultó ser finalmente? Un engaño sin bandas musicales, con tiendas de campaña cutres y sándwiches de queso en lonchas. Pero ojo, la campaña de influence marketing que llevaron a cabo contaba con todos los elementos para desembocar en un éxito de convocatoria. De hecho, lo fue. Nota mental: si no quieres perder de un plumazo toda la credibilidad de tu comunidad, asegúrate al 100% de que lo que estás firmando está dentro del marco legal. (En caso de que quieras analizar más este caso, este es tu link)

Otro caso que no fue tan  fue sonado, aunque el aludido se hizo eco (tweet de David Muñoz, chef de Diverxo). El pasado mes de junio publicaba un mensaje en el que un influencer especializado en gastronomía le sugería que quizá era buena idea comer gratis en su restaurante (tres estrellas Michelin) para que, a cambio, se ganaran una recomendación en su feed de Instagram. Como si Diverxo necesitara a estas alturas el boca-a-boca.  Nota mental: cuidado con lo que pides: puede suponer el fin de tu negocio.

Al hilo de pedir cosas con final desastroso, está este otro caso, esta vez internacional. Elle Darling, bloguera / influencer de prestigio de Reino Unido, se puso en contacto con una cadena de hoteles en Dublín para pedir alojamiento gratis a cambio de una recomendación. Sin embargo, no salió como esperaba: el gerente publicó un tweet poco menos que calificándola como “sin verguenza” y con una posdata que no dejaba lugar a dudas. Después de eso, lanzaron un comunicado en redes sociales prohibiendo el paso a cualquier que se hiciera pasar por influencer. Nota mental: no des por hecho que todo el mundo va a comprender tus intereses como influencer.

¿El fin de una era?

Quizá sea bueno que nos preparemos para el desastre, tanto agencias de comunicación y community managers como influencers y representantes. Unilever, por ejemplo, ya ha dado el primer paso hacia el fin de una era. Varias cadenas de hoteles, como Marriott, analizan a todo aquel que se pone en contacto con ellos en calidad de influencer o storyteller para descubrir si cumplen con los requisitos establecidos. Y llegarán más. Este es el precio que debemos pagar por trabajar en un sector que tarda tanto en regularse. Pero la pregunta es: ¿nos salvaremos a tiempo?