|Marketing gastronómico: no es oro todo lo que reluce

Marketing gastronómico: no es oro todo lo que reluce7 min read

By |2018-08-27T07:57:24+00:00miércoles, 22 agosto, 2018|
  • Hamburguesa con buena presentación gracias al marketing gastronómico

Non è bello ciò che è bello, è bello ciò che piace!”. Este conocido refrán italiano que viene a decir que “no es bonito lo que es bonito sino lo que nos gusta”, tiene mucho que ver con este blog y, especialmente, con el marketing gastronómico. Y si aún tienes dudas, solo tienes que echar un vistazo rápido a Instagram.

En la era #FoodPorn, la cultura y exaltación gastronómica va en aumento. Si es uno de los hashtags más usados en las redes sociales, por algo será, ¿no?

¿Qué implica esto? Vale, para muchos tal vez nada. Pero, si profundizamos y nos acercamos a la realidad, todo esto ha llevado a los usuarios a la búsqueda del esteticismo y el perfeccionismo excesivo de los alimentos sin recordar su naturalidad y su imperfección. Ya hemos hablado de la fotografía gastronómica y puedes hacerte a la idea de que esto no ha sido siempre así.

Pero vayamos en orden:

¿Qué relación tiene la belleza de una foto de un plato de comida con el marketing? Pues todo: desde el neuromarketing, hasta las ventas y el consumidor.

Más allá de Instagram y del #FoodPorn

Las empresas del sector alimentario utilizan ciertos trucos para seducirnos con sus anuncios, mostrándonos unos productos y unos platos perfectos, irresistibles y adecuados a nuestros estándares estéticos.

De hecho, según el dicho popular, “comes primero con los ojos y luego con la boca”. Esto lo saben muy bien los anunciantes de empresas de alimentación. La comida inmortalizada en fotos o anuncios de televisión es el resultado de una fantástica combinación de alimentos reales muy bien seleccionados y aditivos y productos químicos no comestibles, que los convierten en perfectos (visualmente hablando).

Algunos trucos de la publicidad gastronómica

  • Esos cereales tan apetitosos que aparecen en tu caja del desayuno, distan mucho de la realidad cuando los vuelcas en tu tazón, ¿verdad? Esto pasa porque lo que sale en la imagen no es leche, es pegamento líquido para mantenerlos en la superficie con un aspecto consistente y crujiente.
  • Esas tortitas por las que dejarías la dieta, el #RealFood y lo que fuera necesario, cuando llegan a tu mesa no son lo mismo. Por no hablar de cuando las haces tú, que igual no se merecen ni el llamarlas “tortitas”. Que sean tan bonitas y jugosas no es algo fortuito, en realidad es el aceite de motor con el que se barnizan, que es más estético, brillante y resistente que el jarabe de arce.
  • Los platos humeantes y recién salidos del horno, sorpresa: ¡no lo están! La mayoría ni siquiera están cocinados, ya que se agrietaría y “afearía” la comida. Y las sesiones de fotografía duran MUCHO. Una buena capa de barniz y algodón calentado en el microondas y que se sitúa debajo de la comida hacen que el plato parezca recién salido del horno.
  • El betún para zapatos es el toque mágico que hace que te seduzcan las hamburguesas. Y no, tampoco están cocinadas. Así el producto no encoge al ser cocinado y tiene un mayor tamaño.
  • Esa tarta de zanahoria, el muffin de la carta del menú ni la repostería en general se libran. El relleno de tartas y pasteles se aplica sobre cartón para se mantenga compacto. Y la nata, suele ser espuma de afeitar para que no se derrita y tenga mayor textura.
  • La espuma de la cerveza, del café o de la leche: detergente para lavar platos, que es mucho más duradero y aparentemente más “natural”.
  • Ese helado de cucurucho fresquito y apetecible no es ni tan fresquito ni tan apetecible: es puré de patatas o cualquier crema hecha de almidón o jarabe de maíz para evitar que se derrita.
  • ¿Y las bebidas gaseosas? Tabletas efervescentes que hacen las burbujas.

Todos estos trucos son para atraer a los consumidores: una foto de calidad, respaldada por la fuerza de la marca y la astucia del marketing, y se gana el juego.

Pero ahora veamos el otro lado de la moneda: comida que no es para nada apetecible ni real.

Pero aquí también entra en juego el propio consumidor. Descartamos los productos y alimentos que no cumplen con nuestros estándares estéticos y se terminan desechando porque no se venden a tiempo.

Una encuesta reciente de The Guardian estima que, en EE.UU., la mitad de la producción agrícola nunca llega a los estantes de los supermercados porque no es lo suficientemente “bonita” para atraer la atención de los clientes. El culto a la “perfección a toda costa” está infligiendo un duro golpe al medio ambiente. De hecho, se estima que 60 millones de toneladas de productos se desperdician en EE.UU. Todo esto está relacionado con una cuestión de ética, porque con estas pérdidas solo de Estados Unidos, podríamos alimentar al 10% de la población que padece hambre,. Pero lejos de esta realidad, la comida arrojada solo sirve para rellenar vertederos e incineradores.

La belleza del fallo

Sin embargo, hay quienes han visto la belleza en la “comida fea”, ya lo decían las tendencias de diseño 2018. Algunas cadenas minoristas internacionales han implementado estrategias de marketing para dar nueva vida a estos productos:

En Estados Unidos, la cadena Walmart, lanzó la campaña “I’m perfect, en la que se vendían manzanas perfectamente imperfectas debido al granizo o al daño solar, pero eran totalmente saludables y con buen sabor. Estas manzanas vendidas a un precio inferior han tenido éxito tanto en términos de ingresos como en términos morales.

Otra campaña para crear conciencia fue la de los supermercados Intermarché en Francia con el claim “Inglorius Fruits and Vegetables” que trató de dar dignidad a los “productos feos” con un descuento del 30%. Aquí también es un éxito tanto en términos de popularidad como de ingresos, ya que los productores venden su cosecha, los consumidores tienen productos de calidad a precios más bajos y el comercio minorista ha aumentado su negocio.

A veces la belleza y la perfección tan presentes en la publicidad y las redes sociales son solo el resultado de alteraciones de la realidad para hacer que el producto sea adecuado a nuestros estándares, reforzándolos más aún para descartar los “productos feos”. Pero no todo en el mundo es perfecto y, a veces, más allá de la imperfección estética hay un mundo por saborear.

Así que, la próxima vez que te encuentres frente a una manzana que no brilla, un tomate que no es del todo redondo o cualquier otro producto que no es estéticamente perfecto, no pienses no solo con el cerebro sino también con el corazón, porque cada pequeña elección tiene un impacto mayor de lo que crees.

About the Author:

Riccardo Fuina
Apasionado de la comida y todas sus facetas. Me gradué en Agricultura y me especialicé en Marketing de Alimentos y Estrategias Comerciales. Me encanta viajar por el mundo y soy un fuerte defensor de la lucha contra el desperdicio de alimentos. Además, en mi tiempo libre soy jugador profesional de rugby.

One Comment

  1. Distribuidor de Cereales 24 octubre, 2018 at 08:32 - Reply

    Hola, buenos días. Lo primero y antes de nada, felicitaros por el post ya que me parece una información muy interesante y relevante para hacernos ver lo engañosa que es la publicidad gastronómica. Por otro lado, es muy interesante que dediquéis este tiempo a crear contenido como este. ¡¡Un saludo y buen trabajo!!

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