Robot frente a un entorno digital como los influencers virtuales

¿Te dejarías guiar por un robot? De Chiara a las mascotas y los influencers virtuales4 minutos de lectura

En los últimos meses es posible que te hayas encontrado en Instagram con la usuaria Miquela Sousa, una de las últimas influencers virtuales de moda y estilo de vida que más fuerza está cogiendo en redes sociales. Sus fotos no se diferencian en gran medida de las realizadas por otros tantos perfiles. Sin embargo, ya ha superado el millón de seguidores y va camino del segundo. Pero entonces, ¿quién es @lilmiquela y por qué tiene tanto éxito? Prada, Chanel, Supreme y Vans son solo algunas de las marcas que viste en sus imágenes. En su último número, la revista Vogue lanzó un reportaje que habla de Miquela como la Screen Queen. No es para menos, con más de 1.500 comentarios por publicación, su cuenta de Instagram es capaz de generar conversación alrededor de cualquier look que lleve la influencer.

La Screen Queen del momento es un robot y tú le sigues

La sorpresa llega al descubrir que Miquela es un robot. Es decir, no existe como tal. “Para aquellos que no me conocen, me llamo Miquela, tengo 19, soy música y soy un robot” así reza esta influencer virtual desde uno de sus stories destacados. “Menciono lo de ser un robot porque obviamente no es algo súper normal y es una identidad que se ha apoderado de mi vida recientemente”. 

¡Pero la cosa no queda ahí! Mientras analizaba las publicaciones y stories en Instagram de esta influencer virtual, el maravilloso algoritmo de Spotify me ha puesto un anuncio de su último single, Hate Me, que canta junto a Baauer (sí, el creador del Harlem Shake). Miquela Sousa es un éxito de masas creado por el estudio digital Brud y que ha conseguido patrocinar grandes marcas de moda, así como restaurantes, cafeterías y centros comerciales de Nueva York y Los Ángeles. El mundo de la influencia continúa avanzando a marchas forzadas. Miquela Sousa (o Lil Miquela) no está sola, otros influencers virtuales como @bermudaisbae y @blawko22, que hasta tiene canal de Twitch, cubren otros públicos con diferentes categorías de producto.

¿Cómo puede influenciar un robot? ¿Y un animal?

En los últimos años hemos visto cómo hasta los animales ganaban un puesto en el podio de la influencia. Neville Jacobs tiene 210.000 seguidores pero no es una persona, es el perro de Marc Jacobs y toda una estrella en Instagram.

 

I keep snacks in here

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Algo similar ocurre con Rafael Mantesso. Su cuenta tiene unos 600.000 seguidores, pero no está protagonizada por él, sino por su perro. Gracias al éxito de este influencer canino, su dueño vende camisetas, agendas y hasta ha realizado colaboraciones con marcas como Jimmy Choo para lanzar una colección centrada en su mascota. En España tenemos casos como el de Pipper on tour, el perro turista que lleva desde mayo recorriendo el país y mostrando todos sus descubrimientos en redes sociales. Sus más de 20.000 seguidores avalan los viajes que ya ha recorrido a través de ciudades como Vizcaya, Salamanca y La Coruña.

¿Nos interesamos por historias o por personas?

Nos aproximamos entonces a una conclusión. ¿Hace falta ser un humano que hace fotos de humanos en la que salgan humanos para influir? La respuesta es no. Nadie puede negar que en todos los casos anteriores existe una persona detrás que se encarga de crear un storytelling y de gestionar las redes sociales, pero al final no es a esa persona a la que ven sus seguidores. Nos sentimos atraídos por una serie de características que no necesariamente tenemos que encontrar en una persona real. Personajes como Chiara Ferragni y El Rubius no son los únicos capaces de atraer a un público masivo, sino que podemos encontrar esa empatía en una historia bien contada, en un animal, en una causa social y hasta en un producto concreto. Entonces, ¿hasta dónde somos capaces de dejarnos llevar por la influencia? Y aunque no seas un robot, ni un animal, ni un producto, igual puedes suscribirte a nuestra plataforma Influencer HUB.

Jesús Pacheco

Jesús Pacheco

El día que descubrí que los medios digitales eran mi hábitat natural, me di cuenta de que la comunicación era mi profesión. Los viajes, la tecnología y el cine completan mi mundo.

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