|Odio los mensajes de voz de WhatsApp, ¿me estoy haciendo mayor?

Odio los mensajes de voz de WhatsApp, ¿me estoy haciendo mayor?4 min read

By |2017-12-07T15:16:28+00:00jueves, 7 diciembre, 2017|
  • Los mensajes de voz de WhatsApp tienen éxito entre los millennials y han sustituido a los famosos SMS

Seguimos con el mes de las tendencias, y si ya te las has leído (si no, ¡estás a tiempo!), una de las claves que marcamos es la interacción multimodal, la relación de las personas con la tecnología. Pues bien, el pasado 3 de diciembre se cumplía el 25 aniversario de la llegada al mundo de los SMS (Short Messaging Service). Un día señalado para un servicio que -lo siento por contar mis batallitas- marcó mi adolescencia y las de prácticamente todos los de mi generación. ¿Te acuerdas de aquellos años en los que nos preocupábamos por cómo la falta de espacio iba a acabar con todas las normas ortográficas y gramaticales habidas y por haber? ¿Y de cómo dolían los dedos cuando pasábamos de letra en letra hasta dar con la correcta en esos ahora extraños teclados con botones de verdad?

En fin, no hay más espacio para la nostalgia. El SMS está en un lento y agónico proceso de defunción. El iPhone, con su suave y amplia pantalla táctil en la que entraba un teclado QWERTY, su montón de aplicaciones y una brillante manzana mordida en la parte trasera, le dio una sutil puñalada hace ya diez años de la que no ha sido capaz de recuperarse. Y así, párrafo y medio después de empezar, llegamos al tema que nos ocupa: WhatsApp y los mensajes de voz.

“Lo mejor que tenía WhatsApp es que favorecía un respetuoso silencio en los espacios públicos”

WhatsApp implementó la posibilidad de enviar mensajes de voz en el año 2013. Sin embargo, no ha sido hasta 2016 cuando la gente -y hablo de “la gente” porque yo personalmente me niego- ha empezado a utilizarlos de forma masiva sustituyendo aquella tradición que manteníamos desde el lanzamiento de los SMS: escribir mensajes de texto para que otro los reciba en la pantalla de su teléfono móvil.

Pero, ¿por qué este éxito repentino a la par que tardío? La respuesta parece obvia: somos (sois) unos vagos, que nos regimos por la ley del mínimo esfuerzo, nos cuesta menos tiempo hablar que escribir. Y también que no somos muy listos y nos está costando varios años darnos cuenta de ello. Puede que sea así, pero quizá estemos pasando por alto un detalle sin aparente importancia, y es que estamos hablando de enviar mensajes de voz a través de un teléfono. Por si no te habías dado cuenta, la palabra “teléfono” es la clave de la frase anterior. Sí, esos extraños dispositivos con más de 150 años de antigüedad y que, mira tú qué cosas, sirven precisamente para hablar.

Así que nos plantamos 25 años después del lanzamiento de los SMS recuperando el uso lógico de los teléfonos. Y, sin embargo, los odio. Los odio porque me parece ridículo haber empleado 25 años en llegar a un punto que es el mismo pero no. Los odio porque veo a gente por la calle cogiendo sus teléfonos de una forma extraña para la que obviamente no están pensados. Los odio porque siempre he pensado que lo mejor que tenía WhatsApp es que favorecía un respetuoso silencio en los espacios públicos al eliminar la necesidad de hablar. Pero, sobre todo, los odio porque son la constatación de que me he hecho mayor. De que los que son más jóvenes que yo han encontrado en los mensajes de voz una forma nueva de comunicarse que soy incapaz de adoptar y a la que no consigo adaptarme.

Odio los mensajes de voz, pero al mismo tiempo representan el triunfo de las personas (de aquellas que los utilizan) sobre la tecnología. Me explico: desde el lanzamiento del primer iPhone hemos estado sometidos a la dictadura de las pantallas táctiles, que determinaban cualquier tipo de posible interacción con la tecnología. Símbolo de modernidad en cualquier dispositivo que se precie ya sea coche, aspiradora o persiana, nos hemos visto forzados a interactuar con ellas llegando a interiorizar gestos que ya asumimos con la misma naturalidad que caminar.

“Son un triunfo y la constatación de que las personas seguimos (siguen) siendo capaces de marcar el camino de la tecnología”

Así ha sido hasta que han llegado los mensajes de voz, que plantean una nueva forma de interactuar con los dispositivos tecnológicos y también con las personas. Por eso son un triunfo y la constatación de que las personas seguimos (siguen) siendo capaces de marcar el camino de la tecnología. De decidir cómo queremos relacionarnos con ella y de que no hay un único camino correcto, sino que es necesario explorar la mejor forma de hacerlo en cada caso y abrir la puerta a un escenario de interacción multimodal.

Mientras, yo seguiré sintiéndome mayor, escribiendo mensajes sobre una fría pantalla táctil como mis padres, llamando de vez en cuando como mis abuelos y dándome cuenta de que los millennials con sus exasperantes mensajes de voz han tenido éxito donde yo fracasé: imponiendo su criterio, el de las personas, al de la tecnología.

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Álvaro Salas
Publicista de ciencias, analizo todo lo que ocurre a mi alrededor convencido de que es el mejor camino para tomar decisiones acertadas. Cuando me dejan, me escapo para dar clase en alguna universidad.

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