Imagen a modo de ejemplo de los países como influencers

Los países también son influencers: así es cómo lo hacen5 minutos de lectura

Tradicionalmente, el «poder» en las relaciones internacionales se ha evaluado en términos fácilmente cuantificables, a menudo entendidos en el contexto del poder militar o económico.

Por contraste, el poder blando describe la capacidad de influencia de un país sobre otros por medio de la cultura, la comunicación de narrativas convincentes y el aprovechamiento de los recursos nacionales que hacen que un país resulte más atractivo para el resto del mundo, y, por consiguiente, más influyente.

Las empresas y organizaciones podemos aprender mucho de este concepto, adaptándolo no solo a estrategias de comunicación externa, sino también a nivel interno.

Los recursos digitales y el amaestramiento de las redes sociales son una herramienta crítica para lograr incrementar la influencia y el poder blando de países que en el pasado han tenido menor repercusión mediática. Los gobiernos que logren dominar estos recursos podrán dar forma a eventos mundiales, establecer mayores vínculos con el exterior y reescribir su narrativa, tanto a nivel global, como a nivel local.

El mundo occidental siempre ha invertido mayores recursos en el poder blando, siendo Estados Unidos uno de los primeros países en hacerlo. Desarrolló un storytelling que, durante mucho tiempo, posicionó al país como la nación más influyente a nivel cultural. Apareció el concepto del «sueño americano» y la potente industria del cine jugó un papel importante en representar la forma de vida americana y sus ideales. Las empresas y organizaciones se habían apuntado a este movimiento y desatando una ola cultural que traspasó continentes.

Sin embargo, la inestabilidad política que ha sufrido el mundo occidental en los últimos años ha dado pie a que países asiáticos como China, Corea del Sur y Japón hayan empezado a dominar más la conversación. Pero, ¿qué están haciendo estos países para incrementar su poder blando? Y, por otro lado, ¿qué están haciendo las naciones occidentales para reescribir su narrativa y mantener su influencia sobre el resto del mundo? ¿Y en Oriente Medio? Y… ¿cómo pueden inspirar estas iniciativas a las marcas?

A continuación tres ejemplos:

#UnknownJapan: Inspirando viajes a través de Instagram

Instagram se ha convertido en la plataforma de viajes por excelencia, y su uso en el campo de la diplomacia digital también está aumentando. En 2016 visitaron Japón 24 millones de habitantes, y el Gobierno tiene como objetivo llegar a los 40 millones en 2020. Como parte de su estrategia, Instagram diseñó la campaña de #UnknownJapan, en colaboración con la Organización Nacional de Turismo de Japón. La iniciativa tenía como objetivo desvelar al mundo los lugares y recovecos menos conocidos de la nación, pero el impacto fue mucho mayor. A través de la campaña y la participación activa de los usuarios, se organizaron InstaMeets en todo el país para animar a los locales a unirse al movimiento. Con la participación de muchos, consiguieron resaltar la riqueza cultural del país, alejándose de los habituales estereotipos y dando a conocer subculturas, paisajes recónditos y aspectos desconocidos de la vida cotidiana japonesa.

Y esta no es la única iniciativa que ha desarrollado Japón. El año pasado hablábamos de cómo la nación está exportando su bagaje cultural de cara a los Juegos Olímpicos de Tokio.

El Primer Ministro Iraquí y las plataformas digitales

¿Sabes cómo el Primer Ministro Iraquí usó las plataformas digitales para hacer del proceso de formación de gobierno una experiencia más transparente? Desde el derrocamiento de Saddam Hussein en 2003, el gobierno iraquí y sus políticos han sido acusados de varios casos de corrupción, lo que ha provocado que los ciudadanos hayan perdido la confianza en su sistema gubernamental.

En 2018, el Primer Ministro Abdul-Mahdi anunció que contrataría 14 puestos para su gabinete lanzando una oferta de trabajo a través de Facebook, abriendo la participación a toda la ciudadanía y haciendo el proceso mucho más transparente. Aplicaron más de 15,000 personas, de las cuales un 15% eran mujeres. Se concedieron 600 entrevistas y finalmente fueron elegidas 5 personas a través de esta campaña.

La iniciativa tuvo muchísima repercusión mediática, tanto a nivel local, como global. Fue alabada por activistas humanitarios y los propios ciudadanos iraquíes le consideran un auténtico visionario político.

Cómo Instagram humaniza a la Unión Europea

En los últimos tiempos, el proyecto europeo y el déficit democrático se han visto más cuestionados que nunca. Y parte de esta tendencia se ve motivada por la imagen que proyectan los líderes de la Unión Europea. Consciente de esto, el Presidente del Consejo Europeo Donald Tusk, conocido por su mirada seria y penetrante, decidió hacer uso de su fama para introducir algo de humor a su cuenta de Instagram, y, de alguna manera, lograr humanizar los líderes de la organización.

Haciéndose más accesible a través de Instagram, (la plataforma de los jóvenes por excelencia) ha logrado motivar a los jóvenes ciudadanos europeos a estar más involucrados, tanto en el proceso político europeo, como en sus instituciones.

El rol de las marcas y el éxito de las organizaciones cada vez se va a ver más afectado por las estrategias de influencia cultural de las naciones. En el caso de Japón, el enorme esfuerzo de exportación cultural que están realizando al final está ayudando a crear nuevas vías de crecimiento económico, además de estar contribuyendo a la influencia global del país en el resto del mundo.

Cada vez más, gracias a las redes sociales y los recursos digitales, la personalidad y la reputación de las naciones es un compendio de elementos en los que participan no solo los gobiernos, sino también los ciudadanos, las marcas y las organizaciones.

Carmen Sáenz de Tejada

Carmen Sáenz de Tejada

Diseñadora Gráfica de formación. Me gusta viajar, aprender, enseñar y ver cine del bueno y del malo. Creo fervientemente que la crema de cacahuete está muy infravalorada en nuestra gastronomía y no me avergüenzo de mi fascinación por Tom Cruise y Arnold Schwarzenegger.

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