Fue en 1930 cuando el cineasta Sergei Einstein propuso a la Academia de las Artes y las Ciencias cinematográficas de Hollywood que el tamaño y formato de las pantallas de cine fuera adaptable, pudiendo ajustarse a las dimensiones que el cineasta considerase más favorables para la composición de su película. Esta propuesta fue rechazada, y, con ello, el vídeo vertical quedó arrinconado, haciendo pequeñas apariciones en circuitos más experimentales y festivales de cine independiente. Desde entonces, la horizontalidad ha condicionado nuestras narrativas: en los libros, el cine, la televisión y los videojuegos. Pero algo está cambiando.

Desde hace unos años, el creciente uso de nuestros dispositivos móviles nos está compeliendo a explorar la verticalidad, lo que, por ende, ha alterado el planteamiento de los modelos narrativos e incluso el diseño de campañas de marketing y contenidos, que tienden a estar cada vez más enmarcados en este nuevo formato: desde los anuncios dinámicos en las paradas de autobús e Instagram Stories, hasta el último videoclip de Miley Cyrus. Y es algo que tiene consecuencias mucho más profundas de lo que parece.

Desde el inicio de los tiempos, la lengua y los formatos narrativos han sido tanto un espejo de la sociedad, como una influencia en las culturas: desde los sistemas fono-semánticos de la escritura china, la escritura de derecha a izquierda del árabe, los 120 minutos de media de un largometraje, o, simplemente, el gesto de pasar las hojas de un libro. Son formatos que han condicionado nuestra manera de pensar. Y el vídeo vertical no es una excepción: la sociedad está cambiando, y nos vamos a tener que adaptar.

Hace poco, artistas y productores del sector de la música como Nicki Minaj, Saweetie, Halsey y Billie Eilish han empezado a sacar vídeos verticales para promover sus últimos singles. Tanto Spotify como Youtube han fomentado la visualización de estos formatos, facilitando la adaptación del reproductor a las pantallas del móvil. Además, en algunos casos el formato ha incentivado la creatividad de algunos directores, explorando historias contadas a través de mensajes de texto o la aplicación de la cámara del móvil.

Queda por ver cómo se desarrolla este formato en el mundo del cine, las series de televisión y las plataformas de streaming. Ya existen algunos proyectos, pero aún no se ha propagado de forma global. En 2014 nació el Vertical Film Festival, el primer festival de cortometrajes creados y proyectados en formato 9:16, con una pantalla de cine vertical. Por otro lado, en 2016 Nespresso lanza Nespresso Talents, un programa que “rinde homenaje a la creatividad cinematográfica.” En su cuarta edición, el requisito del concurso era que el formato debía ser vertical.

Y es que, el formato encajonado y estrecho del vídeo en vertical poseen una cualidad mucho más íntima que otros nuevos formatos multimedia. El tamaño de la pantalla parece una pequeña ventana de acceso a otro universo, en el que nos sumergimos aún más a con el uso de auriculares. El tipo de contenidos que solemos consumir a través del teléfono- muchas veces personales- hacen de la experiencia algo muy íntimo, un hecho que ha trascendido a los contenidos que producen los creadores, cada vez más enfocado a videoblogs hiperrealistas o stories que muestran segundo por segundo los detalles de las vidas de las personas.

Además de estimular la creatividad, el formato tiene muchas ventajas. La reducción de espacio nos obliga a ser más sintéticos con la información que presentamos, disminuyendo considerablemente los costes de producción. Asimismo, el formato está perfectamente optimizado para las generaciones del social media– el mayor consumidor de este tipo de contenidos. Con una buena campaña de lanzamiento, muchos artistas no tendrán que invertir cantidades desorbitadas de dinero para lograr impactar a sus seguidores. La accesibilidad del formato vertical en contraposición con los modelos horizontales va a ser un factor determinante del éxito de un videoclip o una campaña de marketing.